nicht mehr am Tage beschäftigte, regten sich ihre Werkleute während des Schlafes mit selbständigem Gebaren und schufen mit anscheinender Vernunft und Folgerichtigkeit ein Traumgetümmel.« (D. Gr. H. 4, 102.)
Otras veces, a esta relación vicaria entre el sueño y la poesía, le sucede una relación de fomento o incluso de identidad.
Aquí pertenecen los numerosos casos en que determinados versos y rimas aparecidos en sueños, o poemas enteros, se habrían revelado como valiosos desde el punto de vista poético, como en el conocido ejemplo del «Kubla Khan» de Coleridge, cuya certeza, sin embargo, ha puesto en duda recientemente H. Ellis (Welt d. Tr., p. 269).
Otros poetas, en cambio, han aprovechado lo soñado para la creación poética o lo han llevado a una forma poética. Así, los poemas de Uhland «El arpa» (Die Harfe) y «El lamento» (Die Klage) fueron compuestos a partir de sueños, al igual que «Sueño» («Traum») —«uno verdadero»— de Hebbel y muchos otros cantos de Mörike, Keller y otros.
También narradores como Stevenson, Ebers, Lynkeus (Jos. Popper) han admitido que deben ciertos temas o trazos a sus sueños. Es más, incluso se atribuyen al sueño realizaciones artísticas superiores a las que supuestamente serían posibles en la vida de vigilia; el ejemplo más famoso de este tipo, la Sonata del diablo de Tartini, es desde luego puesto también en duda (Ellis l. c. p. 269), y representaciones poéticas de esta índole, como el «Kapellmeister Kreisler» de E. T. A. Hoffmann, difícilmente pueden ser tomadas en cuenta como prueba.
Significado del estudio de los sueños para los problemas de la estética.
Es comprensible que esta afinidad cercana, a menudo tomada por identidad sustancial, entre el sueño y el arte, incitara a desentrañar los enigmas de un fenómeno a partir de ciertas