Esta es, por tanto, la primera de las metamorfosis que también el sueño libre de distorsión efectúa con los pensamientos del sueño. Sin embargo, no nos detendremos mucho en esta primera peculiaridad del sueño. La despachamos señalando la fantasía consciente, el ensueño diurno, que procede del mismo modo con su contenido representativo. Cuando el Mr. Joyeuse de Daudet deambula sin empleo por las calles de París, mientras sus hijas deben creer que tiene un puesto y está sentado en su despacho, sueña asimismo en presente con los acontecimientos que han de servirle de protección y procurarle un empleo. El sueño emplea, pues, el presente de la misma manera y con el mismo derecho que el ensueño diurno. El presente es el tiempo verbal en el que el deseo es representado como cumplido.
Pero el segundo carácter, exclusivo del sueño a diferencia del ensueño, es que el contenido de representación no se piensa, sino que se transforma en imágenes sensoriales a las que luego se otorga fe y que se cree estar vivenciando. Añadamos inmediatamente que no todos los sueños muestran la transformación de la representación en imagen sensorial; hay sueños que constan solo de pensamientos, a los cuales, sin embargo, no por ello se les negará la esencia de los sueños. Mi sueño: «Autodidasker — la fantasía diurna con el profesor N.» es uno de esos en los que apenas se mezclan más elementos sensoriales que si hubiera pensado su contenido de día. También hay en cada sueño más largo elementos que no han acompañado la transformación a lo sensorial, que son simplemente pensados o sabidos, como estamos acostumbrados desde la vigilia. Además, queremos recordar aquí mismo que tal transformación de representaciones en imágenes sensoriales no corresponde exclusivamente al