han conducido a la constatación de estas relaciones. A poetas que prestaron especial atención a sus sueños, como Hebbel o Gottfried Keller, les llamó la atención cierta dependencia de la producción poética respecto de su vida onírica. El 6 de noviembre de 1843, el primero escribe en París: «Cuando aún elaboraba obras poéticas, soñaba poéticamente; ahora ya no». Tras enumerar una serie de extraños sueños, continúa en un poema:
En Keller se ve con toda claridad cómo atribuye una observación puramente subjetiva, confiada al diario (15 de enero de 1848), al héroe que le es más cercano, el «Enrique el Verde»:
«Wenn ich am Tage nichts arbeite, so schafft die Phantasie im Schlafe auf eigene Faust, aber das neckische, liebe Gespenst nimmt seine Schöpfungen mit sich hinweg und verwischt sorgfältig alle Spuren seines spukhaften Wirkens.» (Tagebuch bei Baechtold I, 308.)
»Seit ich nämlich die Phantasie und ihr ungewöhntes Gestaltungsvermögen