uno patológicamente perturbado, pero sí como uno distinto del normal, como un proceso de naturaleza más primaria.
La distorsión onírica.
Interpretamos así el hecho de que el contenido onírico acoja restos de vivencias secundarias como una manifestación de la deformación onírica (por desplazamiento) y recordamos que en la deformación onírica hemos reconocido una consecuencia de la censura de paso existente entre dos instancias psíquicas.
Esperamos con ello que el análisis de los sueños nos revele regularmente la fuente onírica real, psíquicamente significativa, de la vida diurna, cuyo recuerdo ha desplazado su acento hacia el recuerdo indiferente.
Mediante esta concepción nos hemos situado en total oposición a la teoría de Robert, que se ha vuelto inservible para nosotros. El hecho que Robert pretendía explicar sencillamente no existe; su suposición se basa en un malentendido, en la omisión de sustituir el aparente contenido onírico por el verdadero sentido del sueño.
Se puede objetar aún más contra la doctrina de Robert: si el sueño tuviera realmente la tarea de liberar nuestra memoria de las «escorias» del recuerdo diurno mediante un especial trabajo psíquico, nuestro dormir tendría que ser más atormentado y emplearse en un trabajo más esforzado de lo que podemos afirmar de nuestra vida mental en vigilia. Pues la cantidad de impresiones indiferentes del día contra las que tendríamos que proteger nuestra memoria es manifiestamente inmensa; la noche no bastaría para dominar tal suma. Es mucho más probable que el olvido de las impresiones indiferentes transcurra sin la intervención activa de nuestras fuerzas anímicas.
Dennoch verspüren wir eine Warnung, von dem Robertschen Gedanken ohne weitere Berücksichtigung Abschied zu nehmen. Wir haben die