absoluto y cosas por el estilo. Sin embargo, nuestro interés por el sueño de desnudez solo se justifica cuando en él se siente vergüenza y apuro, se quiere huir o esconderse y, al mismo tiempo, se está sujeto a la peculiar inhibición de no poder moverse del sitio y sentirse incapaz de cambiar la situación embarazosa. Solo en esta combinación el sueño es típico; por lo demás, el núcleo de su contenido puede verse integrado en otras muchas combinaciones o estar salpicado de ingredientes individuales. Se trata esencialmente de la sensación penosa, de la naturaleza de la vergüenza, de que uno quisiera ocultar su desnudez —la mayoría de las veces mediante la locomoción— y no lo consigue. Creo que la gran mayoría de mis lectores ya se habrán encontrado en esta situación en sueños.
Por lo general, la forma en que uno se desviste es poco clara. Se oye contar, por ejemplo: «Iba en camisa», pero rara vez esto constituye una imagen clara; la desnudez suele ser tan indefinida que en el relato se reproduce mediante una alternativa:
«Iba en camisa o en refajo.»
Por lo general, el defecto en la indumentaria no es tan grave como para que la vergüenza consiguiente esté justificada. Para quien ha vestido el uniforme del emperador, la desnudez suele verse sustituida por un atuendo reglamentariamente incorrecto. Estoy en la calle sin sable y veo que se acercan oficiales, o sin corbata, o llevo unos pantalones civiles a cuadros o algo similar.
La gente ante la que uno se avergüenza es casi siempre desconocida, de rostros dejados en la indefinición. Jamás ocurre en el sueño típico que a uno le recriminen, o que siquiera noten, la ropa que a uno mismo le causa semejante apuro. La gente pone, muy al contrario, caras indiferentes o, como pude percibir en un sueño particularmente claro, solemnemente rígidas. Eso da que