(7) Por experiencia posterior añado que no es nada raro que los sueños repitan ocupaciones del día inofensivas e insignificantes, por ejemplo: hacer las maletas, preparar comidas en la cocina y cosas por el estilo. En tales sueños, sin embargo, el propio soñador no subraya el carácter del recuerdo, sino el de la «realidad». «Todo esto lo he hecho realmente durante el día».
(10) Aparte de esta utilización diagnóstica de los sueños (p. ej., en Hipócrates), hay que recordar su importancia terapéutica en la Antigüedad. Entre los griegos había oráculos de los sueños, que solían ser consultados por enfermos que buscaban la curación. El enfermo acudía al templo de Apolo o de Esculapio, allí era sometido a diversas ceremonias, bañado, friccionado, ahumado, y así, puesto en un estado de exaltación, se le tendía en el templo sobre la piel de un carnero sacrificado. Se dormía y soñaba con remedios que se le mostraban de forma natural o en símbolos e imágenes, los cuales eran interpretados después por los sacerdotes. Más detalles sobre los sueños curativos de los griegos en Lehmann I, 74, Bouché-Leclercq, Hermann, Gottesd. Altert. d. Gr. § 41, Privataltert., § 38, 16, Böttiger en Sprengels Beitr. z. Gesch. d. Med. II, p. 163 y ss., W. Lloyd, Magnetism and Mesmerism in antiquity, Londres, 1877, Döllinger, Heidentum und Judentum, p. 139.