Al soberano se le llama padre de la patria, y el padre es la autoridad más antigua, primera y, para el niño, única, de cuya plenitud de poder han surgido las demás autoridades sociales en el curso de la historia cultural humana (en la medida en que el «derecho matriarcal» no obligue a matizar esta afirmación). – La formulación en el sueño «Pensar y vivir son uno» apunta a la explicación de los síntomas histéricos, con la cual guarda también relación el vaso de hombre. A un vienés no hacía falta explicarle el principio del «Gschnas»; este consiste en fabricar objetos de aspecto raro y valioso a partir de material trivial, preferiblemente cómico e insignificante, por ejemplo, armaduras hechas con ollas de cocina, estropajos de paja y palitos salados, tal como a nuestros artistas les gusta hacer en sus veladas festivas. Pues bien, yo me había dado cuenta de que los histéricos hacen lo mismo; junto a lo que realmente les ha sucedido, configuran de manera inconsciente acontecimientos fantásticos, espeluznantes o desmedidos, que construyen a partir del material más inofensivo y banal de la vivencia. De estas fantasías, y no de los recuerdos de los acontecimientos reales —ya sean serios o igualmente inofensivos—, es de donde dependen propiamente los síntomas. Esta clarificación me había ayudado a superar muchas dificultades y me proporcionaba una gran alegría.
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