Posiblemente en casa, pero de absoluta imposibilidad para la criada anticipar las intenciones de la señorita Pross, en cuanto a la admisión o negación del hecho.
—Como yo mismo estoy en casa —dijo el señor Lorry—, subiré.
Aunque la hija del Doctor no sabía nada del país de su nacimiento, parecía haber heredado de él de forma innata esa capacidad de sacar mucho partido de escasos recursos, que es una de sus características más útiles y agradables.
Por simple que fuera el mobiliario, estaba realzado por tantos pequeños adornos, carentes de valor salvo por su buen gusto e ingenio, que su efecto resultaba encantador.
La disposición de cada objeto en las habitaciones, desde el más grande hasta el más pequeño; la combinación de colores, la elegante variedad y el contraste logrados mediante la economía en las pequeñeces, con manos delicadas, ojos claros y buen juicio, eran a la vez tan agradables en sí mismos, y tan expresivos de su creadora, que, mientras el señor Lorry se quedaba mirando a su alrededor, las propias sillas y mesas parecían preguntarle, con algo de esa expresión peculiar que él ya conocía tan bien, si lo aprobaba.
Había tres habitaciones en una planta, y, estando las puertas que las comunicaban abiertas para que el aire circulase libremente por todas ellas, el señor Lorry, observando sonriente aquel parecido imaginario que descubría a su alrededor, caminaba de una a otra. * La primera era la mejor habitación, y en ella estaban los pájaros de Lucie, sus flores, sus libros, su escritorio, su costurero y su caja de acuarelas; * la segunda era la consulta del doctor, utilizada también