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nydus/A Tale of Two CitiesPublic
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VII. Un golpe en la puerta

Un golpe en la puerta

«Lo he salvado». No era otro de los sueños en los que él había regresado a menudo; estaba allí de verdad. Y, sin embargo, su mujer temblaba, y un miedo vago pero pesado se apoderaba de ella.

Todo el aire a su alrededor era tan espeso y oscuro, la gente era tan apasionadamente vengativa y veleidosa, los inocentes eran tan constantemente ejecutados por sospechas vagas y negra malicia, resultaba tan imposible olvidar que muchos tan inocentes como su esposo y tan queridos para otros como él lo era para ella, corrían todos los días la suerte de la que él había sido arrastrado, que su corazón no podía verse aligerado de su carga como sentía que debía estarlo.

Las sombras de la tarde invernal empezaban a caer, y aun en ese momento los pavorosos carros circulaban por las calles. Su mente los seguía, buscándolo a él entre los condenados; y entonces se aferraba más a su presencia real y temblaba con mayor fuerza.

Su padre, animándola, mostraba una compasiva superioridad ante la debilidad de aquella mujer, lo cual era maravilloso de ver.

¡Nada de buhardilla, ni de zapatería, ni Ciento cinco, Torre Norte, ya!

Había cumplido la tarea que se había impuesto, su promesa estaba redimida, había salvado a Charles. Que todos se apoyaran en él.

Su economía doméstica era de una índole muy frugal: no solo porque esa era la forma de vida más segura, la que menos ofensas causaba a la gente, sino porque no eran ricos y Charles, durante todo su encierro, había

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