–¡Oh, padre, cómo me gustaría ser un Resurrection-Man cuando sea mayor!
Mr. Cruncher se calmó, pero meneó la cabeza de un modo dudoso y moral.
«Depende de cómo desaruolles tus talentos. Ten cuidado de desaruollar tus talentos, y de no decir nunca más de lo estrictamente necesario a nadie, y en los tiempos que corren no se sabe para qué podrás llegar a ser apto».
Mientras el joven Jerry, así animado, se adelantaba unos cuantos metros para colocar el taburete a la sombra del Tribunal, el señor Cruncher añadió para sus adentros:
«Jerry, honrado comerciante, ¡hay esperanzas de que ese muchacho llegue a ser una bendición para ti y una recompensa por su madre!».