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nydus/A Tale of Two CitiesPublic
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XV. Los pasos se apagan para siempre

Una de las víctimas más notables de la misma hacha —una mujer— había pedido al pie del mismo cadalso, poco antes, que le permitieran poner por escrito las pensamientos que la inspiraban. Si él hubiera expresado los suyos, y hubiesen sido proféticos, habrían sido estos:

“Veo a Barsad, y a Cly, a Defarge, a La Vengancia, al Jurado, al Juez, a largas filas de los nuevos opresores que se han alzado sobre la destrucción de los antiguos, pereciendo por este instrumento retributivo, antes de que este deje de cumplir su uso actual.

Veo una hermosa ciudad y un pueblo brillante levantándose de este abismo y, en sus luchas por ser verdaderamente libres, en sus triunfos y derrotas, a lo largo de los años venideros, veo el mal de este tiempo y del tiempo anterior del cual este es el fruto natural, haciendo expiación gradualmente por sí mismo y extinguiéndose.

“Veo las vidas por las que doy la mía, pacíficas, útiles, prósperas y felices, en esa Inglaterra que ya no volveré a ver.

La veo a Ella con un niño en el pecho, que lleva mi nombre.

Veo a su padre, envejecido y encorvado, pero por lo demás restablecido, fiel a todos los hombres en su labor curativa, y en paz.

Veo al buen viejo, que fue su amigo durante tanto tiempo, enriqueciéndolos de aquí a diez años con todo lo que tiene, y marchándose tranquilamente hacia su recompensa.

“Veo que tengo un santuario en sus corazones, y en los corazones de sus descendientes, generaciones más tarde.

La veo a ella, anciana, llorando por mí en el aniversario de este día.

Los veo a ella y a su esposo, terminada su travesía, yacen lado a lado en su último lecho terrenal, y sé que ninguno fue más honrado ni tenido por sagrado en el alma del otro, de lo que yo lo fui en las almas de ambos.

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