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nydus/A Tale of Two CitiesPublic
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IX. La cabeza de la Gorgona

La cabeza de la Gorgona

Era una mole pesada de edificio, aquel castillo del señor marqués, con un gran patio de piedra delante y dos tramos de escaleras de piedra que convergían en una terraza de piedra ante la puerta principal.

Un asunto enteramente pétreo, con pesadas balaustradas de piedra, y urnas de piedra, y flores de piedra, y rostros de piedra de hombres, y cabezas de piedra de leones, en todas direcciones.

Como si la cabeza de la Gorgona lo hubiera contemplado al terminarse, dos siglos atrás.

Por la amplia escalinata de peldaños poco profundos, precedido por una antorcha, el señor marqués bajó de su coche, turbando la oscuridad lo suficiente como para arrancar una sonora protesta a un búho instalado en el tejado de las grandes caballerizas ocultas entre los árboles.

Todo lo demás estaba tan en silencio, que la antorcha que subía las escalinata y la otra antorcha sostenida ante la gran puerta ardían como si se hallaran en un salón de palacio sin corrientes, en vez de estar al aire libre de la noche.

No se oía más ruido que el grito del búho, aparte del talle de una fuente al caer en su pila de piedra; pues era una de esas noches oscuras que contienen la respiración durante horas enteras, para luego exhalar un largo y bajo suspiro y volver a contener la respiración.

La gran puerta resonó a sus espaldas, y monseñor el marqués cruzó un vestíbulo lúgubre por ciertas viejas lanzas de jabalí, espadas y cuchillos de

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