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nydus/A Tale of Two CitiesPublic
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Table of Contents

IX. The Game Made

El juego hecho

Mientras Sydney Carton y la Oveja de las prisiones se encontraban en el cuarto oscuro contiguo, hablando tan bajamente que no se escuchaba ni un sonido, el señor Lorry miró a Jerry con considerable duda y desconfianza.

La manera en que aquel honesto comerciante recibió la mirada no inspiraba confianza; cambiaba la pierna sobre la que se apoyaba tan a menudo como si tuviera cincuenta de esas extremidades y las estuviera probando todas; se examinaba las uñas con una atención de muy dudosa inocencia; y cada vez que los ojos del señor Lorry se cruzaban con los suyos, le entraba ese tipo peculiar de tos corta que requiere poner el hueco de la mano delante, la cual rara vez, por no decir nunca, se conoce como una dolencia propia de la franqueza absoluta.

—Jerry —dijo el señor Lorry—. Ven acá.

Mr. Cruncher came forward sideways, with one of his shoulders in advance of him.

—¿Qué has sido, además de mensajero?

Después de cierta meditación, acompañada de una mirada fija en su cliente, el señor Cruncher concebió la luminosa idea de responder: «Carácter agícola».

—Mucho me temo —dijo el señor Lorry, sacudiéndole un dedo índice con enojo—, que has utilizado a la respetable y gran casa de Tellson como tapadera, y que te has dedicado a una ocupación ilegal de índole infame.

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