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nydus/A Tale of Two CitiesPublic
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II. La piedra de afilar

Mientras estos rufianes giraban y giraban, con sus greñas enmarañadas ya proyectadas hacia delante sobre los ojos, ya arrojadas hacia atrás sobre el cuello, algunas mujeres les acercaban vino a la boca para que bebieran; y entre la sangre que goteaba, y el vino que goteaba, y la corriente de chispas saltando de la piedra, todo su perverso ambiente parecía sangre y fuego.

El ojo no podía descubrir en el grupo a una sola criatura libre del borrón de sangre. Empujándose los unos a los otros para acercarse a la piedra de afilar, había hombres con el torso desnudo, con la mancha por todas sus extremidades y cuerpos; hombres con toda clase de harapos, con la mancha sobre esos harapos; hombres ataviados diabólicamente con despojos de encajes, sedas y cintas de mujer, con la mancha tiñendo esas fruslerías de parte a parte. Hachas, cuchillos, bayonetas, espadas, todas llevadas para ser afiladas, estaban rojas de ella. Algunas de las espadas melladas estaban atadas a las muñecas de quienes las llevaban con tiras de lino y fragmentos de vestidos: ligaduras de diversa especie,

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