—Mucha influencia a su alrededor, ¿tiene ese Doctor? —murmuró Madame Defarge, sonriéndole a La Venganza—. ¡ Sálvelo ahora, mi Doctor, sálvelo!
A cada voto de jurado, se oyó un rugido. Otro y otro. Rugido y rugido.
Votado por unanimidad. En su corazón y por linaje un Aristócrata, un enemigo de la República, un notorio opresor del Pueblo. ¡De vuelta a la Conciergerie, y la Muerte en veinticuatro horas!