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nydus/A Tale of Two CitiesPublic
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XXI. Pasos que resuenan

Aún tenía la mecha de su cañón en la propia mano. Hizo un repentino cambio de los dos instrumentos y, volviéndose hacia el taburete y la mesa carcomidos, los hizo añicos en unos pocos golpes.

—¡Sostén la luz más alto! —dijo, con ira, al carcelero.

—Busca entre esos fragmentos con cuidado, Jacques. ¡Y mira! Aquí está mi cuchillo —se lo arrojó—; abre ese jergón a cuchilladas y registra la paja. ¡Sostén la luz más alto, tú!

Con una mirada amenazadora al carcelero, se arrastró hasta el hogar y, atisbando chimenea arriba, golpeó y hizo palanca en sus costados con la barra de hierro, trabajando en la rejilla de hierro que la cruzaba. En pocos minutos, algo de mortero y polvo cayeron desprendidos, apartando él la cara para evitarlo; y allí, entre las viejas cenizas de madera y en una grieta de la chimenea en la que su arma se había deslizadò o abierto paso, tanteó con

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