profesionales y haciendo referencia a una carta imaginaria de dos o tres líneas apresuradas de su propia mano, presentada como si le hubiera sido dirigida por
Estas medidas, recomendables de tomar en cualquier caso, las tomó el señor Lorry con la esperanza de que él volviera en sí. Si eso sucedía pronto, tenía guardado otro curso de acción en reserva; que consistía en mantener una cierta opinión que consideraba la mejor sobre el caso del Doctor.
Con la esperanza de su recuperación, y de que con ello fuera posible recurrir a este tercer método, el señor Lorry resolvió vigilarlo atentamente, disimulando lo más posible sus intenciones. En consecuencia, hizo los preparativos para ausentarse de Tellson’s por primera vez en su vida, y ocupó su puesto junto a la ventana en la misma habitación.
No tardó en descubrir que era peor que inútil hablarle, ya que, al insistirle, se ponía nervioso.
Abandonó ese intento el primer día, y resolvió limitarse a mantenerse siempre ante su vista, como una protesta silenciosa contra el delirio en el que había caído, o estaba cayendo.
Permaneció, por lo tanto, en su asiento cerca de la ventana, leyendo y escribiendo, y manifestando de tantas maneras agradables y naturales como se le ocurrieron que era un lugar libre.
El doctor Manette tomó lo que le dieron de comer y de beber, y siguió trabajando en aquel primer día hasta que oscureció demasiado como para ver; siguió trabajando media hora después de que el señor Lorry, por nada del mundo, hubiera podido ver para leer o escribir. Cuando apartó sus herramientas por inútiles hasta la mañana, el señor Lorry se levantó y le dijo: