Tampoco en el sueño puede el hombre contravenir las leyes del pensamiento en sí, es decir, no puede identificar lo que se le presenta como contradictorio, etc. Tampoco en el sueño puede desear sino aquello que se representa como un bien (sub ratione boni). Pero en esta aplicación de las leyes del pensamiento y del querer, el espíritu humano es inducido a error en el sueño por la confusión de una representación con otra. Así se explica que en el sueño enunciemos y cometamos las mayores contradicciones, mientras que por otra parte podemos llevar a cabo las formaciones de juicio más agudas y las conclusiones más consecuentes, así como tomar las resoluciones más virtuosas y santas. La falta de orientación es todo el secreto del vuelo con el que nuestra fantasía se desplaza en el sueño, y la falta de reflexión crítica, así como de entendimiento con los demás, es la fuente principal de las desmedidas extravagancias de nuestros juicios, así como de nuestras esperanzas y deseos en el sueño» (p. 18).
(18) El ingenioso místico Du Prel, uno de los pocos autores a quienes debo pedir disculpas por haberlos omitido en ediciones anteriores de este libro, afirma que no la vigilia, sino el sueño es la puerta de la metafísica, en la medida en que esta concierne al hombre (Philosophie der Mystik, p. 59).