(53) Semejantes «contra-deseos oníricos» me han sido comunicados repetidamente en los últimos años por mis oyentes como reacción a su primer encuentro con la «teoría del deseo del sueño».
(54) Un gran poeta entre los vivos, que, según me han dicho, no quiere saber nada de psicoanálisis ni de la interpretación de los sueños, encuentra, sin embargo, por iniciativa propia, una fórmula casi idéntica para la esencia del sueño: «Aparición no autorizada de deseos anhelantes reprimidos bajo un falso semblante y nombre». C. Spitteler, Meine frühesten Erlebnisse (Süddeutsche Monatshefte, octubre de 1913). De forma anticipada, aduzco aquí la ampliación y modificación de la fórmula básica anterior debida a Otto Rank: «El sueño representa regularmente sobre la base y con ayuda de material infantil-sexual reprimido, deseos actuales, por regla general también eróticos, en forma velada y simbólicamente revestida como cumplidos». («Ein Traum, der sich selbst deutet».)