me invita a ir a otro lugar y se adelanta por el corredor llevando una lámpara u otro instrumento como perspicaz (?) (¿perspicaz?) en la mano levantada ante sí, en una postura peculiar con la cabeza hacia delante. Luego cruzamos por una plaza abierta . . . (resto olvidado). Lo más llamativo de este contenido onírico es la manera en que el consejero áulico L. lleva la lámpara (o lupa) ante sí, con la mirada escrutadora dirigida a la lejanía. Hace muchos años que no veo a L., pero ahora ya sé que solo es una persona sustituta de otra, más grande, de Arquímedes cerca de la fuente Aretusa en Siracusa, quien está de pie exactamente igual que él en el sueño y maneja así el espejo ustorio, acechando al ejército sitiador de los romanos. ¿Cuándo vi este monumento por primera (y última) vez? Según mis anotaciones, fue la tarde del 17 de septiembre, y desde esta fecha hasta el sueño han transcurrido efectivamente 13 + 10 = 23 días, un «período masculino» según Fließ. Por desgracia, entrar en la interpretación del sueño anula también aquí una parte de la inevitabilidad de esta conexión. El motivo del sueño fue la noticia recibida el día del sueño de que la clínica, en cuyo anfiteatro imparto mis clases como invitado, iba a ser trasladada próximamente a otro lugar.
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