Supuse que la nueva localidad estaría muy mal comunicada, me dije que entonces sería como si no tuviera ningún anfiteatro a mi disposición y que a partir de ahí mis pensamientos habrían tenido que retroceder hasta los inicios de mi época como docente, cuando realmente no tenía ningún anfiteatro y mis esfuerzos por conseguir uno tropezaban con escasa receptividad por parte de los potentados señores consejeros áulicos y profesores. Acudí entonces a L., que por entonces ostentaba la dignidad de decano y al que tenía por un protector, para exponerle mi apuro. Me prometió remedio, pero luego no volvió a dar señales de vida. En el sueño es el Arquímedes que me da ποῦ στῶ y me guía a mí mismo a la otra localidad. El experto en interpretación adivinará fácilmente que a los pensamientos del sueño no les son ajenos ni el afán de venganza ni el sentimiento de grandeza. No obstante, debo juzgar que sin este motivo onírico Arquímedes difícilmente habría llegado al sueño de esta noche; me sigue pareciendo inseguro si la fuerte y aún reciente impresión de la estatua en Siracusa no se habría impuesto también con otro intervalo temporal. III. Sueño del 2/3 de octubre de 1910. (Fragmento) . . . Algo del prof. Oser, que él mismo ha preparado el menú para mí, lo que resulta muy tranquilizador (lo demás olvidado).
Table of Contents
879