Tal restricción “solo estaría justificada de hecho si en la vida humana se diesen estados en los que el hombre estuviera libre no solo de todo fin consciente, sino también del dominio o la cooperación de todo interés inconsciente, de todo estado de ánimo. Mas este es un estado que casi nunca se produce, pues también, cuando se abandona aparentemente por completo al azar el curso de los propios pensamientos, o cuando uno se entrega por entero a los sueños involuntarios de la fantasía, siempre imperan en el ánimo unos intereses principales, sentimientos dominantes y estados de ánimo diferentes en una hora que en otra, y estos ejercerán siempre una influencia sobre la asociación de ideas”. (Philos. d. Unbew., 11ª ed., I, pág. 246.) En los sueños semiinconscientes acuden siempre solo aquellas representaciones que corresponden al interés principal (inconsciente) momentáneo (op. cit.). ¡La subsrayada influencia de los sentimientos y estados de ánimo en el libre curso de los pensamientos hace que el procedimiento metódico del psicoanálisis aparezca ahora como plenamente justificado, incluso desde el punto de vista de la psicología de Hartmann!» (N. E. Pohorilles en Internat. Zschr. f. ärztl. Ps.-A. I, 1913, págs.
605 y ss.) – Du Prel deduce, a partir del hecho de que un nombre que intentamos recordar en vano nos viene a menudo a la memoria de repente y como sin mediación, que existe un pensamiento inconsciente y no obstante orientado a un fin cuyo resultado aflora entonces a la conciencia (Philos. d. Mystik, pág. 107).
(228) Véase al respecto la brillante confirmación de esta afirmación que C. G. Jung aportó mediante análisis en la dementia praecox. («Zur Psychologie der Dementia praecox», 1907.)