(162) Como contribución a la sobredeterminación: Mi excusa por haber llegado tarde fue que, tras una larga noche de trabajo, por la mañana tuve que hacer el largo camino desde la calle Kaiser Josef hasta la Währingerstraße.
(163) Además Cäsar-Kaiser.
(164) No recuerdo en qué autor leí la mención de un sueño que bullía de figuras insólitamente pequeñas, y cuya fuente resultó ser uno de los grabados de Jacques Callot que el soñador había estado contemplando durante el día. Estos grabados contienen, desde luego, una miríada de figuras diminutas; una serie de ellos trata sobre las crueldades de la guerra de los Treinta Años.
(165) La frecuencia con la cual en los sueños aparecen personas muertas como si estuvieran vivas, actúan y se relacionan con nosotros, ha provocado un asombro indebido y ha generado explicaciones extrañas de las cuales se desprende con mucha evidencia nuestra incomprensión del sueño. Y, sin embargo, la clarificación de estos sueños es muy obvia. ¡Cuán a menudo nos hallamos en la situación de pensar: si el padre aún viviera, ¿qué diría a esto? Este si no puede representarlo el sueño de otro modo que mediante la presencia en una situación determinada. Así, por ejemplo, un joven a quien su abuelo ha dejado una gran herencia sueña, con ocasión de un reproche por un gasto de dinero importante, que el abuelo ha vuelto a la vida y le pide cuentas. Lo que tomamos por la rebelión contra el sueño, la objeción de nuestro mejor saber de que el hombre ya ha muerto, es en realidad el pensamiento consolador de que el difunto no tuvo que vivir eso, o la satisfacción de que él ya no tiene nada que meter en esto. Otro tipo de absurdidad que se encuentra en los