y Menelao, en el cual resultó claramente vencido y, según los términos del solemne tratado que precedió al duelo, estaba obligado a devolver a los griegos su robada esposa y las riquezas de esta. El poeta ha elegido dejar tal circunstancia sin una explicación adecuada. La ruptura de la tregua por parte de Pándaro, y la consiguiente y repentina reanudación de la guerra, no lo explica, pues más adelante, en el Canto VII, tenemos a Antenor proponiendo en el consejo que se devuelva a Helena y sus riquezas como un medio seguro para poner fin a la guerra: una propuesta que no se adopta simplemente porque Paris se opone a ella. Paris no consentía en devolver a Helena, y los príncipes y jefes troyanos, como si Paris fuera su monarca absoluto, le permitieron salirse con la suya y prolongar una guerra que Héctor auguraba —como dice en la famosa entrevista con Andrómaca— que terminaría con la destrucción de Troya.
La impresión a la que me refiero ha quedado confirmada por el minucioso estudio que he hecho recientemente del poema. No puedo deducir de él otra cosa que un capítulo independiente de la historia poética de la guerra de Troya—un episodio en la narración de aquel largo asedio que habría de concluir con un acontecimiento mayor que cualquiera de los registrados en la Ilíada, la toma de la ciudad de Troya—; una obra de imaginación inagotable, con personajes vigorosamente trazados y finamente matizados, e incidentes que se suceden con rapidez e infinita diversificación—por doquier una noble simplicidad, versos melifluos e imágenes de belleza y grandeza—; y, sin embargo, por doquier indicios de que el poema tenía una continuación. Está lleno de referencias a acontecimientos que aún han de ser relatados, y despierta un deseo de mayores revelaciones que no llega a satisfacer. Hay alusiones frecuentes al breve plazo de vida asignado a Aquiles, y varias, una de las cuales ya he mencionado, a la captura final de Troya. Tetis predice que su hijo, al perecer casi inmediatamente después de quitarle la vida a Héctor, no vivirá para ver la caída de la ciudad sitiada.