el hijo de la de cabellos de oro Latona, hirió al héroe en las primeras filas, y dio la gloria a Héctor. Aunque nuestra velocidad fuera la de Céfiro, el más veloz de los vientos, aun así, es seguro que tu sino será ser vencido en la batalla por un dios y por un hombre”.
Así habló, y las Erinias contuvieron sus siguientes palabras. Aquiles, el de los pies ligeros, respondió enojado: «Janto, ¿por qué predices mi muerte? No es necesario; bien conozco mi sino: que aquí he de perecer, muy lejos de Peleo y de mi madre. Lucharé hasta haber harto a los troyanos de guerra».
Él habló, y, gritando a sus corceles de firme paso, los guio, entre los primeros, hacia la guerra.