Contra aquel jefe arrojó una enorme y áspera piedra, que yacía en lo alto junto a un saliente dentro del muro. Ningún hombre con ambas manos — tales como son los hombres ahora—, aun estando en la flor de la juventud, habría podido levantar su peso; mas él la blandió en lo alto y la arrojó. Contra el casco de cuatro conos chocó con estrépito y le rompió el cráneo por dentro. Se precipitó el licio, como un buzo, desde su sitio en la alta torre, y la vida abandonó sus miembros.
Luego Teucro hirió también con una flecha a Glauco, el valiente hijo de Hipóloco,
cuando este saltaba para escalar el alto muro;
lo hirió allí donde se veía el brazo desnudo,
y lo hizo abandonar el combate. Atrás saltó,
ocultándose entre la multitud, para que así los griegos
no contemplaran el miembro herido y se burlaran.
Con dolor vio Sarpedón a su amigo