Entrevistas entre Glauco y Diomedes, y Héctor y Andrómaca
Éxitos de los griegos—Heleno llama a Héctor de vuelta a Troya para que ordene una procesión de las matronas troyanas al templo de Minerva—Encuentro de Glauco y Diomedes, quienes se reconocen como viejos amigos—Intercambio de armas entre ambos—Encuentro de Héctor y Andrómaca, y regreso de Héctor y Paris al campo de batalla.
Ahora de aquel terco conflicto de los griegos y troyanos se habían retirado los dioses. La lucha de hombres enfrentándose a hombres con lanzas de bronce todavía ardía de un lugar a otro en la llanura entre el Janto y el Simois.
Y antes que a nadie Telamón Ayante, el baluarte aqueo, las filas rompió de Troya y alzó las esperanzas de quienes luchaban a su lado; pues hirió al más valiente de todos los guerreros tracios: Acamante, hijo de Eusoro, fornido y de grandes miembros. La punta de su lanza, a través del cono del casco plumado, penetrando en la frente del tracio, traspasó el hueso, y la oscuridad cubrió sus ojos. El valiente Diomedes mató a Axilo, hijo de Téntras. A la guerra había venido desde la bien construida Arisba; grande era su riqueza, y muy amado era, pues con cortesía recogía en su casa junto al camino a todos los que pasaban. Ninguno de ellos pudo interponerse entre él y su