argivos volviera hubieran, si a Minerva Juno no hubiese dicho:—
¡Hijo invencible de Jove! ¿Qué cambio es este? ¿Huirán, pues, las huestes argivas así a sus hogares a través del mar y dejarán la gloria a Príamo y a los hijos de Ilión a Helena argiva, por cuya causa han muerto tantos griegos en la playa troyana, lejos de la tierra que amaban? Mas apresúrate tú a la hueste de guerreros argivos armados de bronce, y con palabras persuasivas refrena a sus hombres. Y no dejes que boten sus bajeles al mar.
Ella habló; ni falló la de ojos glaucos Palas en obedecer el mandamiento, sino que con rápido descenso dejó la altura olímpica y de pronto se detuvo junto a las veloces naves de la hueste griega. Halló allí a Ulises, el hombre dotado de una sabiduría semejante a la de Jove; él no había tocado su bien equipada nave, pues el dolor se había apoderado del corazón del héroe. La diosa de ojos glaucos tomó su lugar junto a él, y le habló de este modo:—