duda, en adelante sufrirá todo lo que el Hado hiló para él cuando su madre lo trajo al mundo. Mas si él no oye, de alguna voz celestial, esta certeza, el temor podría abatirlo cuando, por ventura, en la batalla se encuentre con algún dios; pues al revelarse a la vista humana la presencia de los dioses es terrible”.
Y entonces Neptuno, el que sacude la tierra, respondió:
«Juno, te sienta mal estar tan sumamente enojada. No puedo desear un combate con los demás dioses, aunque los superemos en poder. Mejor sentémonos aparte, donde podamos contemplar la guerra, y dejémosla en manos de los mortales. Y, sin embargo, si Ares o Febo comenzaran la lucha, o trataran de frustrar a Aquiles o contener su brazo, habrá motivo para que entremos en la contienda de verdad, y creo que ellos muy pronto, terminado el combate, volverán para unirse a los dioses reunidos en el monte Olimpo, obligados a retirarse por nuestras manos todopoderosas».