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Libro III

cesado. Se apoyan en sus escudos, sus lanzas macizas están junto a ellos, clavadas verticalmente en el suelo. Paris y Menelao, amado de Marte, con sus largas picas contendrán por ti, y serás proclamada esposa del vencedor”.

Ella dijo, y en el pecho de Helena despertaron tiernos recuerdos de su antiguo esposo, de su hogar y de los suyos. Al instante dejó su aposento, vestida y velada de blanco, y derramando tiernas lágrimas; mas no sola, pues con ella iban dos doncellas: Etra, hija de Piteo, y la de grandes ojos, Clímena. Directas a las puertas Esceas caminaron, junto a las cuales Pantoo, Príamo y Timetes estaban sentados, Lámpo y Clitio, Hicetaón, descendiente de Ares, Antenor y Ucalegón, dos sabios, ancianos todos del pueblo. Junto a las puertas se sentaban, incapaces por la edad de las faenas de la guerra, mas hombres de elocuente hablar, semejantes a las cigarras que en el bosque se posan en los árboles y emiten delicados sonidos. Tales eran los nobles de la estirpe troyana que se sentaban en la torre.

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