Así habló Héctor, y guio a sus guerreros. Ellos le siguieron con un gran grito; la retaguardia lanzó otro clamor igual de fuerte.
Por el otro lado gritaron los griegos, ni interrumpieron ya su acostumbrado valor, sino que se mantuvieron firmes para resistir el ataque de los hombres escogidos de Troya.
El clamor mezclado de ambos ejércitos subió al cielo, y al resplandeciente trono de Júpiter.