De Alfeo descendía su estirpe, un río cuyo largo curso fluye por los prados de la tierra de Pilos. Orsíloco engendró a Alfeo, señor de muchos hombres, y él llegó a ser el padre del gran Diocles, a quien le nacieron dos hijos mellizos, bien instruidos en todas las artes de la guerra: Cretón y Orsíloco. Estos, en la flor de la juventud, con sus negras naves siguieron a los argivos a las costas de Troya, famosa por sus generosos corceles. Abandonaron su hogar para vengar el honor de los hijos de Atreo —Agamenón, rey de hombres, y Menelao—, pero hallaron la muerte.
Como dos leones jóvenes, alimentados por su madre en los matorrales de un denso bosque, que, apresando bueyes y ovejas engordadas, asolan los establos, hasta que al fin ellos mismos mueren por las filosas armas en manos del pastor, así, por las armas de Eneas, murieron estos dos; cayeron como caen los altos