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Libro XIV

«Hija del gran Saturno, Juno la augusta, si se tratara de otro de los dioses inmortales, podría sumirlo en el sopor⁠—incluso a las mareas del veloz Océano, padre de todos ellos; mas no puedo acercarme al cronio Jove a menos que él me lo ordene. Ya una vez me hizo temblar de miedo ante sus amenazas, cuando su magnánimo hijo, Alcides, zarpó desde Troya, que él había asolado. Entonces calmé los sentidos de Jove, el portador de la égida, envolviéndome en torno a él, mientras tu mente planeaba fechorías contra su hijo, y tú despertaste las ráfagas de todos los vientos amargos para barrer el océano, y alejar al héroe sobre sus olas, lejos de sus amigos, hacia la populosa Cos. Cuando Jupite se despertó, su cólera creció; apresó y arrojó a los dioses de aquí para allá; a mí me buscó por encima de todos, y me habría precipitado a la destrucción, desde el gran cielo hasta lo profundo, si la Noche, cuyo poder vence la fuerza de dioses y hombres, no

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