La aventura nocturna de Diomedes y Ulises
El desconcierto de Agamenón ante la obstinación de Aquiles: consulta con Menelao, Néstor, Ulises y Diomedes. Un consejo. Diomedes y Ulises parten hacia el campamento enemigo para conocer sus planes. Muerte de Dolón, el espía troyano. Reso el tracio muerto en su tienda y sus caballos capturados.
Durante toda la noche los capitanes de los griegos durmieron en las naves, y apacible fue su sueño, salvo tan solo Agamenón, hijo de Atreo, el pastor de pueblos. A él — atormentado por mil cucares— no llegó el dulce sueño.
Como cuando el esposo de la rubia reina del cielo lanza sus truenos, anunciando algún gran aguacero —lluvia, granizo o nieve que blanquea los campos— o abriendo sobre alguna tierra las fauces voraces de la implacable guerra; así de frecuentes eran los gemidos que de su corazón el Atrida exhalaba; pues dentro de su pecho su corazón estaba turbado. Mirando hacia la llanura de Troya, se maravillaba de los muchos fuegos que ardián ante la ciudad, y del sonido de flautas y caramillos, y del tumulto de la muchedumbre. Pero cuando se volvía hacia la flota y el ejército de Grecia, se arrancaba los cabellos y los lanzaba hacia Jove, y desahogaba su gran corazón con