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nydus/The IliadPublic
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Prefacio

Habiendo ya casi terminado mi traducción de la Ilíada de Homero, me siento a escribir el Prefacio, para que figure al principio del primer volumen.

A esta tarea de traducción, que comencé en 1865, me entregué después tanto más de buen grado cuanto que me ayudó en cierta medida a distraer mi espíritu de una gran pena doméstica.

No estoy seguro de que, cuando esta haya concluido, no me cueste cierto pesar separarme de un compañero tan interesante como el viejo poeta griego, en cuyos pensamientos he estado ocupado, aunque con interrupciones, durante los últimos cuatro años, en el empeño de trasladarlos desde su grandioso y musical griego a nuestra lengua, menos sonora pero aún varonil y flexible.

En lo que habré de decir sobre mi propia traducción, no es mi intención hablar con menosprecio de ninguna de las versiones inglesas anteriores de la Ilíada, ni atenuar mi deuda hacia algunas de ellas. Reconozco que, aunque Homero es, como bien ha observado Cowper, el más perspicuo de los poetas, a veces, y quizás a menudo, me he visto guiado por las labores de mis predecesores hacia un modo mejor de tratar ciertos pasajes difíciles de mi autor del que habría encontrado de otro modo. Permítaseme, sin menoscabo de sus méritos, exponer lo que me he propuesto hacer.

Me he esforzado por ser estrictamente fiel en mi traducción; por no añadir nada de mi cosecha y por ofrecer al lector, hasta donde nuestra lengua lo permitiera, todo cuanto hallé en el original. Hay, sin embargo, en Homero, ciertas expresiones de frecuente recurrencia que no son sino una especie de ornato poético, introducidas

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