Júpiter, que impera sobre dioses y hombres. Un augurio hay, el más seguro y el mejor: luchar por nuestra propia tierra. ¿Por qué temes la guerra y el combate? Aunque todos caigamos junto a las gallegas de los griegos, no hay temor de que tú perezcas, pues no tienes valor para hacer frente al enemigo; ¡guerrero no eres! Mas, si osas mantenerte aparte, o buscas con palabras apartar a otro del combate, la lanza que empuño te quitará la vida al instante.
Él habló y se adelantó; y toda su hueste le siguió con vocerío temeroso. Júpiter, el dios de los truenos, enviando un recio viento desde las cumbres del Ida, empujó el polvo de lleno contra las galeras, debilitó los corazones de los guerreros griegos y dio nueva gloria a Héctor y a los troyanos. Estos, confiando en los presagios enviados por Júpiter y en su propio valor, se esforzaron por romper la masiva muralla de los griegos: arrancaron las galerías de las torres, nivelaron los parapetos, sacaron de su sitio con palancas los salientes contrafuertes