A menudo usé la máquina o ábaco para este propósito en mis clases magistrales mientras fui profesor de lógica en el Owens College.
En segundo lugar, la importancia más inmediata de la máquina parece consistir en la prueba indiscutible que ofrece de que ya se han alcanzado visiones correctas sobre los principios fundamentales del razonamiento, aunque estos eran desconocidos para Aristóteles y sus seguidores.
Debe llegar el momento en que los inevitables resultados de las admirables investigaciones del difunto Dr. Boole sean reconocidos en su verdadero valor, y la forma clara y palpable en que la máquina presenta dichos resultados, espero, acelerará ese momento.
Indudablemente, la vida de Boole marca una era en la ciencia de la razón humana. Puede parecer extraño que le hubiera correspondido a él ser el primero en plantear en toda su extensión el problema de la lógica, pero no me consta que nadie antes que él hubiera tratado la lógica como un método simbólico para deducir a partir de cualquier premisa la descripción de cualquier clase concebible definida por dichas premisas.
A pesar de varios errores graves en los que incurrió, probablemente se admitirá que Boole descubrió la forma verdadera y general de la lógica, y situó a la ciencia sustancialmente en la forma que debe mantener para siempre jamás. Efectuó así una reforma con la que apenas hay nada comparable en la historia de la lógica entre su época y la remota era de Aristóteles.
No obstante, apenas podía considerarse el sistema cuasimatemático de Boole como una solución definitiva e irreprochable del problema. No solo exigía la manipulación de símbolos matemáticos de un modo muy intrincado y desconcertante, sino que los resultados, una vez obtenidos, carecían de fuerza demostrativa, debido a que dependían del empleo de símbolos incomprensibles que solo adquirían significado por analogía.
También he señalado que introdujo en su sistema una condición relativa a la naturaleza exclusiva de las alternativas (p. 70), la cual no es necesariamente aplicable a los términos lógicos.
Tendré que demostrar en el próximo capítulo que la lógica es en realidad la base de toda la ciencia del razonamiento matemático, de modo que Boole invirtió el verdadero orden de la demostración al proponerse inferir verdades lógicas mediante procesos algebraicos. Constituye un testimonio admirable de su potencia mental el hecho de que, mediante métodos fundamentalmente falsos, lograra alcanzar conclusiones verdaderas y ampliar la esfera de la razón.
El desempeño mecánico de la inferencia lógica ofrece una demostración tanto de la verdad de los resultados de Boole como de la naturaleza errónea de su modo de deducirlos.
Las conclusiones que él solo podía obtener mediante páginas de intrincado cálculo son exhibidas por la máquina tras uno o dos minutos de manipulación. Y no solo se alcanzan fácilmente esas conclusiones, sino que son demostrativamente verdaderas, porque cada paso del proceso no entraña nada más oscuro que las tres Leyes Fundamentales del Pensamiento.