La generalización es la gran prerrogativa del intelecto, pero es una facultad que solo debe ejercerse de forma segura con mucha precaución y tras un largo entrenamiento.
Toda mente debe generalizar, pero existen las más amplias diferencias en la profundidad de las semejanzas descubiertas y en el cuidado con que se verifica tal descubrimiento. Parece haber una facultad innata de penetración que unos pocos hombres han poseído de manera preeminente, y que les ha permitido, aunque sin estar exentos de trabajo o de errores temporales, descubrir lo uno en lo múltiple.
Pueden existir mentes de una agudeza excesiva que, sin embargo, solo posean las facultades de discriminación minuciosa y de almacenar, en el tesoro de la memoria, vastas acumulaciones de palabras y sucesos. Pero la facultad del descubrimiento pertenece a una clase de mentes más restringida.
Laplace afirmó que, de todos los inventores que más habían contribuido al avance del conocimiento humano, Newton y Lagrange parecían poseer en el grado más alto el feliz tacto de distinguir los principios generales entre una multitud de objetos que los envolvían, y este tacto lo concebía él como la verdadera característica del genio científico.35