Las teorías de Darwin y Spencer sin duda no están demostradas; son hasta cierto punto hipotéticas, tal como todas las teorías de la ciencia física son hasta cierto punto hipotéticas, y están sujetas a dudas.
A juzgar por el inmenso número de diversos hechos que armonizan y explican, me atrevo a considerar las teorías de la evolución y de la selección natural en sus rasgos principales como dos de las hipótesis más probables jamás propuestas.
Dudo que ninguna obra científica que haya aparecido desde los Principia de Newton sea comparable en importancia a las de Darwin y Spencer, ya que revolucionan todas nuestras opiniones sobre el origen de los fenómenos corporales, mentales, morales y sociales.
Concedido todo esto, no puedo admitir ni por un momento que la teoría de la evolución destruya la teología. Dicha teoría abarca varias leyes o uniformidades que se observa que son verdaderas en la producción de formas vivas; pero estas leyes no determinan el tamaño y la figura de las criaturas vivas, del mismo modo que la ley de la gravedad no determina las magnitudes y distancias de los planetas.
Supongamos que Darwin está en lo cierto al decir que el hombre desciende de las ascidias: aun así, la forma precisa del cuerpo humano debió de verse influenciada por una serie infinita de circunstancias que afectaron a la reproducción, el crecimiento y la salud de toda la cadena de seres intermediarios.
Sin duda, siendo las circunstancias las que fueron, el hombre no podría ser de otro modo que como es, y si en cualquier otra parte del universo existiera una tierra exactamente similar, provista de gérmenes de vida exactamente similares, allí habría tenido que crecer una raza exactamente similar a la raza humana.
Por una distribución diferente de los átomos en el mundo primitivo se habría producido una serie distinta de formas vivas en esta tierra. A partir de las mismas causas que actúan según las mismas leyes, se seguirán los mismos resultados; pero a partir de causas diferentes que actúan según las mismas leyes, se seguirán resultados diferentes. Por tanto, hasta donde podemos ver, criaturas vivas infinitamente diversas podrían haber sido creadas de manera coherente con la teoría de la evolución, y la razón exacta por la cual tenemos espina dorsal, dos manos