Cuando una ley implica tres o más circunstancias, el número posible de relaciones se vuelve enormemente mayor. Al considerar el tema de las combinaciones y permutaciones, se hizo evidente que nunca podríamos lidiar con la variedad posible de la naturaleza. Un examen exhaustivo de las aleaciones metálicas posibles, o de los compuestos químicos, resultó estar fuera de toda cuestión (p. 191).
Es basándose en tales consideraciones como podemos explicarnos las muy escasas aportaciones hechas a nuestro conocimiento por los alquimistas.
Muchos de ellos eran hombres de la más alta agudeza, y sus fatigas incansables se prolongaron a lo largo de muchos siglos. Algunas pocas cosas fueron descubiertas por ellos, pero una verdadera penetración en la naturaleza permite hoy en día a los químicos descubrir más hechos útiles en un año de los que rindieron los alquimistas durante muchos siglos.
No cabe duda de que Newton fue un alquimista, y de que a menudo trabajó día y noche en experimentos alquímicos. Pero al tratar de descubrir el secreto por el cual los metales viles podían volverse nobles, sus elevados poderes de investigación deductiva fueron totalmente inútiles. Privado de toda pista orientadora, sus experimentos fueron, como los de todos los alquimistas, puramente tentativos y fortuitos.
Mientras que sus investigaciones hipotéticas y deductivas nos han dado el verdadero sistema del Universo, y han abierto el camino en casi todas las grandes ramas de la filosofía natural, todos los resultados de sus experimentos tentativos se resumen en unas pocas conjeturas afortunadas, expuestas en sus célebres «Cuestiones».
Aun cuando nos dedicamos a la observación aparentemente pasiva de un fenómeno, que no podemos modificar experimentalmente, resulta ventajoso que nuestra atención sea guiada por anticipaciones teóricas.
Un fenómeno que parece simple es, con toda probabilidad, en realidad complejo, y a menos que la mente esté participando activamente en la búsqueda de detalles particulares, es probable que las circunstancias críticas pasen desapercibidas.
Bessel lamentó que ninguna teoría clara sobre la constitución de los cometas hubiera guiado sus observaciones del cometa Halley;1 al intentar verificar o refutar una hipótesis, no solo existiría la posibilidad de establecer una teoría verdadera, sino que, de ser refutada, la refutación implicaría un cúmulo de observaciones útiles.
Sería una obra interesante, pero que no puedo acometer, trazar la reacción gradual que ha tenido lugar en los últimos tiempos contra la teoría puramente empírica o baconiana de la inducción. Francis Bacon, al ver la futilidad de la lógica escolástica, que había predominado durante mucho tiempo, afirmó que la acumulación de hechos y la abstracción ordenada de axiomas, o leyes generales a partir de ellos, constituían el verdadero método de la inducción. Incluso Bacon no ignoraba por completo el valor de la anticipación hipotética. En uno o dos lugares lo reconoce de pasada, como cuando observa que la sutileza de la naturaleza supera a la de la razón, y añade que «los axiomas abstraídos de hechos particulares de un modo cuidadoso y ordenado sugieren y señalan fácilmente nuevos particulares».
Sin embargo, el método de Bacon, hasta donde podemos deducir el significado de las partes principales de sus escritos, correspondería al proceso de recopilar empíricamente hechos y clasificarlos exhaustivamente, al cual aludí.