Puede concederse que el conocimiento de futuros acontecimientos particulares es el propósito principal de nuestras investigaciones, y si hubiera algún proceso de pensamiento mediante el cual pudiera pasarse directamente de un acontecimiento a otro sin ascender a verdades generales, este método sería suficiente, y ciertamente el más breve.
Es verdad también, que las leyes de la asociación mental conducen a la mente a esperar siempre lo semejante de nuevo en circunstancias aparentemente semejantes, y aun los animales de muy baja inteligencia deben tener algún rastro de tales poderes de asociación, que sirven para guiarles de manera más o menos correcta, a falta de verdaderas facultades de raciocinio.
Pero es el propósito de la lógica, según Mill, averiguar si las inferencias se han extraído correctamente, más que descubrirlas.9
Aun si podemos entonces, por hábito, asociación o cualquier proceso rudimentario de inferencia, inferir el futuro directamente del pasado, es tarea de la lógica analizar las condiciones de las que depende la corrección de esta inferencia. Incluso Mill admitiría que tal análisis implica la consideración de verdades generales,10 y en esto, como en varios otros puntos importantes, podríamos rebatir las propias opiniones de Mill con sus propias declaraciones.
Me parece inconveniente en una obra sistemática como esta entrar en controversia de manera extensa, o intentar refutar las opiniones de otros lógicos.
Pero me veré en la obligación de exponer, en una publicación aparte, mi opinión muy meditada de que muchas de las innovaciones de Mill en la ciencia lógica, y especialmente su doctrina del razonamiento de particulares a particulares, carecen por completo de fundamento y son falsas.
# Los fundamentos de la inferencia inductiva.
Sostengo que en todos los casos de inferencia inductiva debemos inventar hipótesis, hasta dar con alguna que arroje resultados deductivos acordes con la experiencia.
Dicha concordancia hace que la hipótesis elegida sea más o menos probable, y entonces podemos deducir, con cierto grado de probabilidad, la naturaleza de nuestra experiencia futura, bajo el supuesto de que no se produzca ningún cambio arbitrario en las condiciones de la naturaleza.
Sólo podemos argüir del pasado al futuro, según el principio general expuesto en esta obra, de que lo que es verdadero de una cosa lo será de su semejante.
Hasta donde un objeto o acontecimiento difiere de otro, toda inferencia es imposible; los particulares en tanto que particulares no pueden hacer una inferencia más de lo que los granos de arena pueden hacer una cuerda. Debemos elevarnos siempre a algo que sea general o idéntico en los casos, y suponiendo que dicha identidad se extiende a los nuevos casos, conocemos su naturaleza.
Oyendo latir un reloj cinco mil veces sin excepción ni variación, adoptamos la muy probable hipótesis de que existe alguna máquina de actuación invariable que produce esos sonidos uniformes y que, a falta de cambio, seguirá produciéndolos.