# Principio de las vibraciones forzadas.
Las investigaciones sobre la conexión de causas y efectos periódicos se basan en un principio que ha sido demostrado por Sir John Herschel para algunos casos especiales, y claramente explicado por él en varias de sus obras.17 El principio puede formularse del siguiente modo: «Si una parte de cualquier sistema conectado entre sí, ya sea por vínculos materiales o por las atracciones mutuas de sus miembros, se mantiene continuamente por cualquier causa, ya sea inherente a la constitución del sistema o externa a él, en un estado de movimiento periódico regular, ese movimiento se propagará por todo el sistema y dará lugar, en cada miembro de este y en cada parte de cada miembro, a movimientos periódicos ejecutados en periodos iguales a aquel al que deben su origen, aunque no necesariamente sincrónicos con ellos en sus máximos y mínimos». El significado de la proposición es que el efecto de una causa periódica será periódico y se repetirá a intervalos iguales a los de la causa. En consecuencia, cuando encontramos dos fenómenos que efectivamente se suceden, vez tras vez, a través de cambios del mismo periodo, hay una gran probabilidad de que estén conectados. De esta manera, sin duda, Plinio infirió correctamente que la causa de las mareas radica en el sol y la luna, siendo los intervalos entre mareas altas sucesivas iguales a los intervalos entre el paso de la luna a través del meridiano. Kepler y Descartes también admitieron la conexión antes de la demostración de Newton sobre su naturaleza precisa. Cuando Bradley descubrió el movimiento aparente de las estrellas derivado de la aberración de la luz, pronto pudo atribuirlo al movimiento anual de la tierra, porque este completaba sus fases en un año.
El ejemplo más hermoso de inducción relativa a los cambios periódicos que puede citarse es el descubrimiento de un período de once años en diversos fenómenos meteorológicos.
Sería difícil mencionar dos cosas en apariencia más desconectadas que las manchas en el sol y las auroras. Ya en 1826, Schwabe inició una serie regular de observaciones de las manchas en el sol, la cual ha continuado hasta el presente, y pudo demostrar que, a intervalos de unos once años, las manchas aumentaban considerablemente en tamaño y número.
Apenas se hubo dado a conocer este descubrimiento, cuando Lamont señaló un período de variación casi igual en la declinación de la aguja magnética. A continuación se demostró que las tormentas magnéticas o perturbaciones repentinas de la aguja ocurrían con mayor frecuencia en las épocas en que las manchas solares predominaban y, como las auroras coinciden por lo general con las tormentas magnéticas, estos fenómenos quedaron integrados en el ciclo.
El profesor Piazzi Smyth y el Sr. E. J. Stone han demostrado desde entonces que la temperatura de la superficie terrestre, tal como lo indican los termómetros enterrados, ofrece ciertos indicios de un período semejante. Una vez establecida la existencia de una causa periódica, es de esperar, según el principio de las vibraciones forzadas, que su influencia sea detectada en todos los fenómenos meteorológicos.
Variaciones integradas.
Al considerar los diversos modos en que un efecto puede depender de otro, debemos situar en una clase distinta aquellos que surgen de los efectos acumulados de una causa que actúa constantemente.