Todas estas investigaciones tienen que llevarse a cabo para cada sal por separado, ya que aún no se han descubierto principios claros mediante los cuales podamos inferir de una sustancia a otra.
Queda todavía abierto un campo indefinido para futuras investigaciones; pues la solubilidad de las sales variará probablemente con la presión a la que esté sometido el medio; y la presencia de otras sales ya disueltas puede tener efectos aún desconocidos.
Las investigaciones ya realizadas en lo que respecta al poder disolvente del agua deben repetirse con alcohol, éter, bisulfuro de carbono y otros medios, de modo que, a menos que se puedan descubrir leyes generales, este único fenómeno de la solución no podrá ser tratado jamás de manera exhaustiva.
El mismo tipo de preguntas reaparece en lo que concierne a la solución o absorción de gases en líquidos, teniendo entonces tanto la presión como la temperatura un efecto de lo más decidido, y las investigaciones del profesor Roscoe sobre el tema presentan un ejemplo excelente de la determinación sucesiva de varias leyes complicadas.5
No hay apenas ninguna rama de la ciencia física en la que no se tropiece tarde o temprano con complicaciones similares.
En el caso de la gravedad, en verdad, llegamos a la ley definitiva de que la fuerza es la misma para toda clase de materia y solo varía con la distancia de la acción. Pero en otros temas las leyes, si bien simples en su naturaleza última, se ven disimuladas y complicadas en sus resultados aparentes.
Así, el efecto del calor al dilatar los sólidos, y el efecto inverso de la extensión o compresión forzadas sobre la temperatura de un cuerpo, variarán de una sustancia a otra, variarán según que la temperatura sea ya más alta o más baja, y probablemente seguirán una ley sumamente compleja, que en algunos casos arroja resultados negativos o excepcionales.
En las sustancias cristalinas hay que repetir las mismas investigaciones en cada dirección axial distinta.
En las ciencias de observación pura, como las de la astronomía, la meteorología y el magnetismo terrestre, encontramos muchas series interesantes de determinaciones cuantitativas. Las llamadas estrellas fijas, como adivinó Giordano Bruno, no son verdaderamente fijas, y con mayor exactitud pueden describirse como vastos orbes errantes, cada uno de los cuales sigue su propia trayectoria a través del espacio. Debemos entonces determinar por separado para cada estrella las siguientes cuestiones:—
¿Se mueve? ¿En qué dirección? ¿A qué velocidad?