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nydus/The Principles of SciencePublic
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CHAPTER XXX. CLASSIFICATION.

objeto; abstraemos todos los demás caracteres y los objetos se hallan así aproximados o separados unos de otros, a menudo de la manera más extraña. En los sistemas naturales de clasificación, por el contrario, empleamos simultáneamente todos los caracteres esenciales de los objetos de que nos ocupamos, discutiendo la importancia de cada uno de ellos; y los resultados de esta labor no se adoptan a menos que los objetos que presentan la analogía más estrecha sean los más aproximados, y que los grupos de los diversos órdenes que se forman a partir de ellos se aproximen también en proporción a los caracteres más similares que ofrecen. De este modo surge que siempre hay una especie de conexión, más o más menos marcada, entre cada grupo y el grupo que le

Sin embargo, hay mucho que es impreciso y lógicamente falso en esta y en otras definiciones que han sido propuestas por los naturalistas para expresar su noción de un sistema natural.

No se nos informa cómo ha de determinarse la importancia de una semejanza, ni cuál es la medida de la cercanía de la analogía. Hasta que el significado de todas las palabras empleadas en una definición quede aclarado, la definición en sí misma es peor que inútil.

Ahora bien, si las opiniones relativas a la clasificación que aquí se sostienen son verdaderas, no puede haber una distinción tajante y precisa entre los sistemas naturales y los artificiales. Todas las disposiciones que sirven para algún propósito deben ser más o menos naturales porque, si se examinan con el suficiente detenimiento, implicarán más semejanzas que aquellas mediante las cuales se definió la clase.

Es verdad que en las ciencias biológicas existiría una disposición de las plantas o de los animales que resultaría notoriamente instructiva, y en cierto sentido natural, si pudiera alcanzarse, y es aquella por la que los naturalistas en realidad llevan esforzándose cerca de dos siglos, a saber, aquella disposición que mostraría la ascendencia genealógica de cada forma a partir del germen vital original.

Aquellas semejanzas morfológicas en las que casi siempre se basa la clasificación de los seres vivos son semejanzas heredadas, y es evidente que los descendientes por lo general se parecerán a sus progenitores y entre sí en una gran cantidad de puntos.

He dicho que un sistema natural se distingue de uno arbitrario o artificial tan solo por su grado. Se verá que es casi imposible clasificar objetos según cualquier circunstancia sin descubrir que de este modo se hace patente alguna correlación de otras circunstancias. Ninguna ordenación podría parecer más arbitraria que la común disposición alfabética según la letra inicial del nombre. Pero no podemos examinar una lista de nombres de personas sin notar un predominio de Evans y Jones bajo las letras E y J, y de nombres que comienzan con Mac bajo la letra M. El predominio es tan grande que no podríamos atribuirlo al azar, y la indagación demostraría, por supuesto, que se originaba en importantes hechos relativos a la nacionalidad de las personas. Resultaría que los Evans y los Jones eran de ascendencia galesa, y aquellos cuyos nombres llevan el prefijo Mac, de ascendencia celta. Con la nacionalidad estarían correlacionadas, de forma más o menos estricta, muchas peculiaridades de constitución física, lenguaje, hábitos o carácter mental. En otros casos me ha interesado observar las inferencias empíricas que se manifiestan en las ordenaciones más arbitrarias. Si se examina un gran registro de nombres de barcos, a menudo se descubrirá que cierto número de naves que llevan el mismo nombre fueron construidas aproximadamente en la misma época, una correlación debida a la

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