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nydus/The Principles of SciencePublic
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CAPÍTULO XII. LA APLICACIÓN INDUCTIVA O INVERSA DE LA TEORÍA DE LA PROBABILIDAD.

El gran propósito de intentar estimar la probabilidad de futuros acontecimientos a partir de la experiencia pasada, parece haber sido abrigado por James Bernoulli y De Moivre, al menos tal era la opinión de Condorcet; y puede decirse que Bernoulli resolvió un caso del problema.‍24 Sin embargo, los escritores ingleses Bayes y Price son indudablemente los primeros que formularon reglas precisas sobre la materia.‍25 Condorcet y otros varios matemáticos eminentes hicieron avanzar la teoría matemática del asunto; mas estaba reservado al inmortal Laplace aportar al tema toda la fuerza de su genio y llevar la solución del problema casi a la perfección. Es instructivo observar que una teoría surgida de pequeños juegos de azar, cuyas reglas y cuyos nombres mismos están olvidados, avanzó gradualmente hasta abarcar los problemas más sublimes de la ciencia, y finalmente emprendió la tarea de medir el valor y la certeza de todas nuestras inducciones.

# Coincidencias fortuitas.

Habríamos estudiado muy infructuosamente la teoría de la probabilidad si pensáramos que ha de proporcionarnos una guía infalible.

La teoría misma señala la certeza aproximada de que a veces seremos engañados por extraordinarias coincidencias fortuitas. No hay racha de suerte tan extrema que no pueda suceder, y puede sucedernos a nosotros, o en nuestro tiempo, al igual que a otras personas o en otros tiempos.

Podríamos vernos obligados por un cálculo correcto a atribuir tales coincidencias a una causa necesaria, y aun así podríamos ser engañados. Todo lo que el cálculo de probabilidades pretende dar es el resultado a la larga, como suele llamarse, y esto significa en realidad en una infinidad de casos.

Durante cualquier experiencia finita, por larga que sea, las probabilidades pueden ir en nuestra contra. Sin embargo, la teoría es la mejor guía que podemos tener. Si siempre pensamos y actuamos de acuerdo con sus indicaciones bien interpretadas, tendremos la mejor oportunidad de escapar al error; y si todas las personas, a lo largo de todo el tiempo venidero, obedecen la teoría de la misma manera, indudablemente cosecharán con ello la mayor ventaja.

No rule can be given for discriminating between coincidences which are casual and those which are the effects of law.

By a fortuitous or casual coincidence, we mean an agreement between events, which nevertheless arise from wholly independent and different causes or conditions, and which will not always so agree.

It is a fortuitous coincidence, if a penny thrown up repeatedly in various ways always falls on the same side; but it would not be fortuitous if there were any similarity in the motions of the hand, and the height of the throw, so as to cause or tend to cause a uniform result.

Now among the infinitely numerous events, objects, or relations in the universe, it is quite likely that we shall occasionally notice casual coincidences. There are seven intervals in the octave, and there is nothing very improbable in the colours of the spectrum happening to be apparently divisible into the same or similar series of seven intervals.

It is hardly yet decided whether this apparent coincidence, with which Newton was much struck, is well founded or not,‍26 but the question will probably be decided in the negative.

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