no se realiza la prueba a ciegas, el químico simplemente da por sentado que sabe lo que sucedería. Siempre que afirmamos que, debido a que A y X se encuentran juntos, A es la causa de X, suponemos que si A estuviera ausente, X estaría ausente. Pero siempre que sea posible, no debemos aceptar esto como una mera suposición, ni siquiera como una cuestión de deducción. La experiencia es en última instancia la base de todas nuestras deducciones, pero si podemos aportar experiencia inmediata sobre el punto en cuestión, no debemos confiar en nada más remoto y propenso al error. Cuando Faraday examinó las propiedades magnéticas del aparato de soporte, en ausencia de la sustancia con la que iba a experimentar, realizó en realidad un experimento a ciegas (p. 431).
Debemos también comprobar la exactitud de un método experimental siempre que podamos, introduciendo cantidades conocidas de la sustancia o fuerza que se ha de detectar. Un nuevo proceso analítico para la estimación cuantitativa de un elemento debe ponerse a prueba aplicándolo a una mezcla compuesta de tal modo que contenga una cantidad conocida de dicho elemento.
La exactitud del proceso de ensayo del oro depende en gran medida de la precaución de ensayar aleaciones de oro de composición exactamente conocida.29
Las obras de Gabriel Plattes dan muestra de un gran espíritu científico y, al debatir sobre los supuestos méritos de la varilla de zahorí para el descubrimiento de tesoros subterráneos, sugiere sensatamente que se pruebe la varilla en lugares donde se sepa que existen vetas de metal.30
# Resultados negativos del experimento.
Cuando prestamos la debida atención a la imperfección de todos los instrumentos de medición y a la posible exigüidad de los efectos, hallaremos sobradas razones para interpretar con cautela los resultados negativos de los experimentos. Podemos no lograr descubrir la existencia de un efecto esperado, no porque tal efecto sea realmente inexistente, sino porque es de una magnitud inapreciable para nuestros sentidos, o se halla confundido con otros efectos de una proporción mucho mayor. Como no existe un límite a priori para lo pequeño que pueda ser un fenómeno, jamás podremos, mediante un único experimento, demostrar la inexistencia de un supuesto efecto. Siempre tenemos la libertad de suponer que una cierta magnitud del efecto podría haberse detectado con una mayor precisión en la medición. No podemos afirmar con seguridad que la Luna carezca por completo de atmósfera. Sin duda podemos demostrar que la atmósfera, de estar presente, es menos densa que el aire en el llamado vacío de una máquina neumática, tal como hizo De Séjour. Es igualmente imposible demostrar que la gravedad no insume tiempo alguno en su transmisión. Laplace, en verdad, averiguó que la velocidad de propagación de la influencia era al menos cincuenta millones de veces mayor que la de la luz;31 pero de ello no se deduce realmente que sea instantánea; y si hubiera algún medio para detectar la acción de una estrella sobre otra estrella extremadamente distante, posiblemente hallaríamos un intervalo apreciable ocupado en la transmisión del impulso gravitatorio.