saltum*. Como expresó Graham el axioma, en la naturaleza no hay transiciones abruptas, y las distinciones de clase nunca son absolutas.22 Siempre hay algún aviso —algún anticipo de cada fenómeno—, y cada cambio comienza mediante grados imperceptibles, si pudiésemos observarlo con perfecta precisión. La bala de cañón, en efecto, es expulsada del cañón en una porción de tiempo inapreciable; se aprieta el gatillo, se enciende la mecha, se inflama la pólvora, se expulsa la bala, todo simultáneamente para nuestros sentidos. Pero no cabe duda de que el tiempo es ocupado por cada parte del proceso, y de que la bala comienza a moverse al principio con una lentitud infinita. El capitán Noble es capaz de medir con su cronoscopio el progreso del proyectil en un cañón de 300 libras, y descubre que todo el movimiento dentro del ánima tiene lugar en algo menos de la doscientas asepteava parte de un segundo. Es seguro que ninguna fuerza finita puede producir movimiento, excepto en un espacio de tiempo finito. La cantidad de momento comunicada a un cuerpo es proporcional a la fuerza aceleradora multiplicada por el tiempo durante el cual actúa uniformemente. Así, una fuerza leve produce una gran velocidad solo mediante una acción prolongada y continua. En un choque violento, como el de una colisión ferroviaria, el golpe de un martillo sobre un yunque o la descarga de un arma, el tiempo es muy corto y, por tanto, las fuerzas aceleradoras puestas en juego son sumamente grandes, pero nunca infinitas. En el caso de un cañón grande, se dice que la pólvora al explotar ejerce por un momento una fuerza equivalente a la de al menos 2.800.000 caballos.
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CAPÍTULO XXVII. GENERALIZACIÓN.
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