temporalmente en ningún grado sensible. La explicación obvia es que las condiciones de vida han sido altamente favorables, y que, en consecuencia, ha habido menor destrucción de individuos viejos y jóvenes, y que casi todos los jóvenes han podido reproducirse. Su razón geométrica de aumento, cuyo resultado nunca deja de ser sorprendente, explica simplemente su aumento extraordinariamente rápido y su amplia difusión en sus nuevos hogares.
En estado de naturaleza, casi todas las plantas adultas producen semillas todos los años, y entre los animales son muy pocos los que no se aparean anualmente. De aquí que podamos afirmar con seguridad que todas las plantas y animales tienden a aumentar en progresión geométrica, que todos poblarían rápidamente cualquier lugar en el que pudieran mal que bien existir, y que esta tendencia geométrica al aumento debe ser frenada por la destrucción en algún período de la vida. Nuestra familiaridad con los animales domésticos más grandes tiende, a mi parecer, a llevarnos a error; no vemos que una gran destrucción se cierna sobre ellos, y no tenemos presente que millares son sacrificados anualmente para alimentarnos, y que en estado de naturaleza un número igual tendría que ser eliminado de algún modo.
La única diferencia entre los organismos que producen anualmente huevos o semillas por millares, y aquellos que producen extremadamente pocos, es que los de reproducción lenta requerirían unos pocos años más para poblar, en condiciones favorables, un distrito entero, por muy grande que sea.
El cóndor pone un par de huevos y el avestruz una veintena, y sin embargo, en un mismo país, el cóndor puede ser el más numeroso de los dos. El fulmar boreal pone un solo huevo, pero se cree que es el ave más numerosa del mundo. Una mosca deposita cientos de huevos y otra, como la hipobosca, uno solo. Pero esta diferencia no determina cuántos individuos de ambas