por medio de las cuales únicamente puede propagarse la variedad, pueden compararse con las hormigas macho y hembra fértiles, y las plantas dobles estériles con los ejemplares neutros de la misma comunidad. Al igual que con las variedades del alhelí, ocurre con los insectos sociales: la selección se ha aplicado a la familia, y no al individuo, en aras de alcanzar un fin útil. De ahí que podamos concluir que ligeras modificaciones de estructura o de instinto, correlacionadas con la condición estéril de ciertos miembros de la comunidad, han resultado ventajosas; consecuentemente, los machos y las hembras fértiles han prosperado y han transmitido a su descendencia fértil la tendencia a producir miembros estériles con las mismas modificaciones. Este proceso debe de haberse repetido muchas veces, hasta que se ha producido esa prodigiosa cantidad de diferencias entre las hembras fértiles y las estériles de la misma especie que vemos en muchos insectos sociales.
Pero aún no hemos tocado el colmo de la dificultad; a saber, el hecho de que los neutros de varias hormigas difieren, no solo de las hembras fértiles y de los machos, sino entre sí, a veces hasta un grado casi increíble, y se dividen así en dos o incluso tres castas. Las castas, por otra parte, generalmente no se gradúan unas en otras, sino que están perfectamente bien definidas; siendo tan distintas entre sí como lo son dos especies cualesquiera del mismo género, o más bien como dos géneros cualesquiera de la misma familia. Así, en Eciton, hay neutros obreros y soldados, con mandíbulas e instintos extraordinariamente diferentes: * en Cryptocerus, las obreras de una sola casta llevan una clase maravillosa de escudo en la cabeza, cuyo uso es totalmente desconocido; * en el Myrmecocystus mexicano, las obreras de una casta nunca abandonan el nido; son alimentadas por las obreras de otra casta,