guorn de pradera pertenecen a este orden; sin embargo, la primera es casi tan acuática como la gallareta, y el segundo es casi tan terrestre como la codorniz o la perdiz. > En tales casos —y se podrían dar muchos otros—, los hábitos han cambiado sin un cambio correspondiente en la estructura. Podría decirse que las patas palmeadas del ganso de tierras altas se han vuelto casi rudimentarias en su función, aunque no en su estructura. En el rabihorcado, la membrana profundamente escotada entre los dedos muestra que la estructura ha
Quien cree en actos de creación separados e innumerables puede decir que en estos casos ha placido al Creador hacer que un ser de un tipo ocupe el lugar de otro perteneciente a otro tipo; pero esto me parece a mí que no es más que volver a exponer el hecho con un lenguaje digno. Quien cree en la lucha por la existencia y en el principio de la selección natural, reconocerá que todo ser orgánico se esfuerza constantemente por aumentar en número; y que si algún ser varía siquiera sea un mínimo, ya en sus costumbres, ya en su estructura, y obtiene así una ventaja sobre algún otro habitante del mismo país, se apoderará del puesto de ese habitante, por muy diferente que este sea de su propio puesto. De ahí que no le cause ninguna sorpresa que haya gansos y rabihorcados con patas membranosas que viven en tierra firme y rara vez se posan en el agua, que haya guiones de codornices de dedos largos que viven en prados en vez de en pantanos; que haya pájaros carpinteros donde apenas crece un árbol; que haya mirlos buceadores e Himenópteros buceadores, y petreles con las costumbres de las alcas.